XRP cotiza a 1,19 dólares después de subir un 17,35% en veinticuatro horas. Todo el mercado está en verde hoy, así que conviene no atribuirle mérito de más: pero bitcoin sube un 10,2% y XRP le saca siete puntos largos. Cuando una moneda grande se despega así del índice, suele haber un motivo propio. Aquí lo hay, y estaba sentado en una sala de Washington.
Brad Garlinghouse, consejero delegado de Ripple, asistió el 19 de agosto a la cumbre cripto de la Casa Blanca. No fue una visita de cortesía.
Qué se dijo en esa sala
Donald Trump reunió a los pesos pesados del sector con los dos reguladores que les marcan el paso: Paul Atkins, presidente de la SEC, y Michael Selig, de la CFTC. Alrededor de la mesa, Brian Armstrong (Coinbase), los hermanos Winklevoss (Gemini), Vlad Tenev (Robinhood), Sergey Nazarov (Chainlink), Arjun Sethi (Kraken), Jeffrey Sprecher (Intercontinental Exchange) y el propio Garlinghouse.
De ahí salieron tres titulares:
- Trump pidió al Senado que apruebe la CLARITY Act cuanto antes para que Estados Unidos conserve su dominio financiero.
- Reconoció que su administración estudia comprar cantidades importantes de bitcoin y otras criptomonedas, y sostuvo que una reserva así aliviaría la presión sobre el dólar.
- Cerró afirmando que la guerra contra las criptomonedas se ha acabado «de una vez por todas».
Garlinghouse aportó su propio dato: 67 millones de estadounidenses tienen criptomonedas, cerca de uno de cada cuatro. Su argumento, ya sin disimulo, es que esto dejó de ser un nicho hace tiempo.
La relación con Trump no empezó ayer
Aquí es donde la foto de ayer cobra sentido. Ripple lleva casi dos años construyendo esa silla.
En el ciclo electoral de 2024, la compañía puso 45 millones de dólares en Fairshake, el comité de acción política que financió candidatos favorables al sector y remó en contra de los que no lo eran. Cuando Trump ganó, Ripple aportó 5 millones más en XRP al fondo de la investidura. Cincuenta millones de dólares en total.
Y no fue solo dinero. En enero de 2025, Garlinghouse cenó con el presidente electo junto a Stuart Alderoty, el director jurídico de Ripple; la foto de los tres circuló por todas partes. Ambos aparecieron después en la cena a la luz de las velas de la investidura. Días más tarde, Garlinghouse se reunía con el vicepresidente J.D. Vance. En marzo de 2025 ya estaba en la primera cumbre cripto de la Casa Blanca.
La prensa financiera estadounidense llegó a describirlo como el directivo polémico que se abrió paso a base de cortejar hasta meterse en la órbita de Trump. Suena duro, pero la secuencia es pública y es exactamente esa.
Y luego la demanda se cayó
El 19 de marzo de 2025, la SEC retiró definitivamente la demanda que mantenía contra Ripple desde hacía cuatro años. El regulador se quedó 50 millones de dólares de la multa y devolvió el resto.
Es difícil no fijarse en la simetría: cincuenta millones puestos en política, cincuenta millones perdidos en la sanción. La coincidencia es casual, pero resume bien la década de Ripple.
Conviene ser honesto con la causalidad: que la demanda cayera no demuestra que la cena la tumbara. La SEC de Atkins archivó también los casos de Coinbase y de media docena más. Cambió la doctrina del regulador entero, no solo el trato a Ripple. Pero tampoco hace falta ser malpensado para ver que Ripple se posicionó antes que nadie para ese cambio.
Por qué la CLARITY Act le importa a XRP más que a casi nadie
Y llegamos a lo que de verdad se juega.
La CLARITY Act (formalmente Digital Asset Market Clarity Act) pretende resolver la pregunta que lleva una década envenenándolo todo: qué tokens son valores y le tocan a la SEC, y cuáles son materias primas y le tocan a la CFTC.
Esa pregunta, palabra por palabra, es sobre la que Ripple se pasó cuatro años litigando. Que ahora se responda en una ley, y no en un juzgado, cambia el terreno de juego para XRP más que para casi cualquier otro activo: le quitaría de encima la ambigüedad que arrastra desde 2020.
El Senado tiene una votación de procedimiento prevista para el 15 de septiembre. Esa es la fecha que hay que marcar en el calendario.
El contrapeso, que siempre hace falta
Tres cosas que conviene no perder de vista mientras se celebra el 17%:
- Esa votación ya se retrasó una vez. Estaba antes y se movió a septiembre. Puede volver a moverse; en el Senado, las fechas de procedimiento no son promesas.
- Una votación de procedimiento no es la ley aprobada. Es el permiso para empezar a debatirla en serio. Queda camino.
- 1,19 dólares sigue estando muy lejos de donde XRP ha estado en otros ciclos. Un día excelente no revierte meses de travesía.
Dicho todo eso, el dato que a mí me parece más relevante no es el precio: es que el consejero delegado de Ripple ya no comparece ante un tribunal, sino que se sienta en una mesa de la Casa Blanca con el presidente de la SEC enfrente. Para una compañía que fue el caso testigo del sector, ese cambio de escenario vale más que un rally de un día.
