XRP vuelve a estar en el punto de mira por una comparación incómoda. La moneda se negocia este sábado alrededor de 1,31 dólares, con un descenso del 2,98 % en las últimas 24 horas, y sigue un 62,5 % por debajo del máximo que marcó en enero de 2018. En el mismo periodo, bitcoin y ether han superado con holgura sus niveles de aquel ciclo. El dato, más que una curiosidad estadística, resume una década de divergencia dentro del mercado de criptomonedas.

La distancia no es menor porque afecta a la percepción del activo. Mientras BTC cotiza hoy en 81.478 dólares y ETH en 2.431 dólares, XRP arrastra la etiqueta de haber sido incapaz de recuperar su techo histórico. Conviene precisar qué significa exactamente ese rezago: no implica que todos los tenedores hayan perdido dinero, sino que quienes compraron cerca de los máximos de 2018 siguen en pérdidas, mientras el resto depende del precio al que entró.

Un máximo de hace ocho años que sigue sin alcanzarse

El pico de enero de 2018 coincidió con el final de la burbuja especulativa que catapultó a buena parte del mercado. En aquel momento, XRP se benefició de una combinación de euforia minorista y expectativas sobre el uso del token en pagos transfronterizos. Desde entonces, el precio no ha vuelto a esos niveles, y la comparación con bitcoin y ether es la que más duele: ambas han superado ampliamente sus cotizaciones de aquella época, mientras XRP sigue lejos.

Hay una explicación que suele pasarse por alto y que tiene que ver con la oferta. XRP no tiene el mismo mecanismo de emisión que bitcoin ni la quema de comisiones de ether. Su suministro en circulación ha aumentado con el tiempo, lo que diluye el valor que representa cada unidad. Es decir, parte del rezago del precio no es solo una cuestión de demanda, sino de una base de tokens más amplia sobre la que se reparte el mismo interés comprador. Ese efecto dilutivo es estructural y no se corrige con una simple subida de cotización.

Qué separa a XRP de bitcoin y ether

La comparación con BTC y ETH también refleja diferencias de narrativa. Bitcoin se ha consolidado como reserva de valor digital y como activo institucional; ether ha construido su tesis sobre la actividad de la red, los contratos inteligentes y las comisiones que se destruyen. XRP, en cambio, se asocia al terreno de los pagos internacionales y a la infraestructura financiera, un ámbito donde los avances dependen de acuerdos corporativos y regulatorios que no siempre se traducen de forma inmediata en precio.

A eso se suma el historial legal del proyecto en Estados Unidos, que durante años lastró la percepción del activo. Ese capítulo ya forma parte del pasado, pero su huella sigue presente en la forma en que el mercado valora el token: la confianza tarda en reconstruirse y los inversores comparan con activos que no arrastraron esa incertidumbre.

El resultado es un activo con una comunidad muy activa y un volumen de negocio notable, pero con un recorrido de precio que no ha acompañado al de los dos grandes del mercado. Para el inversor español, la lectura práctica es que el precio de entrada lo es casi todo: quien compró cerca de los máximos de 2018 acumula una pérdida muy abultada, mientras quien entró en niveles bajos puede estar en positivo incluso con la cotización actual.

Qué vigilar a partir de ahora

El primer factor a seguir es la evolución de la oferta en circulación y cualquier movimiento relevante en la tesorería del proyecto, porque afecta directamente a la dilución. El segundo, la adopción real en el ámbito de los pagos: acuerdos con entidades financieras, volumen de liquidación y uso efectivo del token en corredores internacionales. Sin esa demanda, la cotización depende en exceso del ánimo especulativo.

También conviene observar el comportamiento del mercado en general. Con bitcoin en 81.478 dólares y un descenso del 1,33 % en 24 horas, y ether en 2.431 dólares con una caída del 1,79 %, el contexto no es de euforia. En fases de corrección, los activos con menor recorrido histórico tienden a sufrir más, y XRP, con su descenso del 2,98 % en el día, lo está mostrando.

La conclusión no es que XRP esté condenado ni que vaya a recuperar su máximo. Es que su historia bursátil es la de un activo que se adelantó a su tiempo y que aún no ha encontrado el catalizador que lo devuelva a la primera fila. Mientras tanto, el dato del 62,5 % sirve como recordatorio de que, en criptomonedas, el precio de hace ocho años sigue siendo una referencia incómoda para más de un proyecto.