La remontada de Bitcoin en las últimas semanas ha sido tan vertical que cuesta encontrar un símil adecuado. La criptomoneda reina se mueve sobre los 78.000 dólares, y los datos que llegan desde los mercados de derivados y los productos cotizados cuentan una historia en dos actos: primero, una compresión de cortos sin precedentes; después, una demanda real que va más allá de lo especulativo.

El corto que encendió la mecha

La chispa inicial fue, como casi siempre en estos movimientos bruscos, la liquidación de posiciones bajistas. El número de contratos cortos apalancados alcanzó niveles que no se veían en años, y cuando el precio empezó a subir, los vendedes se vieron obligados a recomprar para cubrir sus pérdidas. Esa recomposición forzosa de posiciones alimentó la subida en una espiral que los analistas denominan short squeeze.

No fue un episodio menor: hablamos de uno de los mayores eventos de compresión de cortos registrados en el mercado de criptoderivados. La pregunta que flota en el ambiente es si este movimiento tiene piernas o se trata de un espejismo.

Entradas en ETF: ahora todo es diferente

Pero la historia no termina en las liquidaciones. Los flujos hacia los fondos cotizados (ETF) al contado de Bitcoin muestran entradas masivas en los últimos días. Ese dinero no es especulativo a corto plazo: son asignaciones de carteras que buscan exposición a largo plazo al activo. Cuando los flujos de ETF se combinan con datos on-chain que reflejan una acumulación sostenida, la lectura cambia de matiz.

Las ballenas -las direcciones con más de 1.000 BTC- han estado incrementando sus posiciones, y el número de direcciones activas no deja de crecer. Que estos indicadores coincidan con la subida sugiere que el apetito por Bitcoin es real y no solo fruto del pánico de los cortos.

¿Qué hay detrás de tanta compra?

El contexto macro ayuda a entenderlo. Con la Reserva Federal dirigida por Kevin Warsh, que relevó a su predecesor en mayo, el mercado sigue pendiente de la senda de tipos de interés. Una posible relajación monetaria tendería a beneficiar a los activos de riesgo, y Bitcoin suele moverse en esa onda.

La narrativa de 'oro digital' también resurge en un entorno de incertidumbre geopolítica y fiscal. Pero no todo es de color de rosa: los analistas recuerdan que el mercado sigue siendo extremadamente volátil y que un giro brusco en la política de la Fed o un endurecimiento de la regulación podría frenar la fiesta.

¿Qué vigilar en las próximas semanas?

Los próximos niveles técnicos están claros: si Bitcoin consigue asentarse por encima de los 78.000 dólares, el camino hacia los 80.000 parece despejado. Pero también hay que observar si las entradas en ETF continúan al ritmo actual o si empiezan a desacelerarse.

Otra clave estará en el mercado de opciones y en el comportamiento de los mineros, que en las últimas semanas han reducido sus ventas, lo que alivia la presión bajista. La combinación de estos factores podría dar pistas sobre si estamos ante el inicio de una nueva fase alcista o ante una trampa bajista disfrazada de rebote.

"El hecho de que los fundamentales y el flujo de derivados apunten en la misma dirección es lo que convierte a este rebote en algo relevante", apuntan los analistas.

No todo son luces

Toda subida meteórica arrastra consigo un nivel de riesgo elevado. La financiación de los futuros ha vuelto a niveles que históricamente han precedido a correcciones. Si el precio sufre un revés, las posiciones nuevas se podrían deshacer rápidamente, amplificando la caída.

Por eso, más que celebrar el repunte, conviene mantener la cabeza fría. Pero por primera vez en meses, los alcistas tienen razones fundamentales para sostener su discurso: los ETF, las ballenas y el sentimiento general del mercado juegan a su favor. Veremos si basta para romper techos.